Transformación Digital de la Caverna

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Transformación Digital de la Caverna

Cada vez más a menudo tenemos dispositivos que nos muestran KPIs. Salimos a correr y el reloj nos indica la cantidad de kilómetros que hemos recorrido, la velocidad media, máxima y las calorías consumidas estimadas. La báscula nos indica cómo de satisfechos deberíamos estar con nuestra dieta. El recuento de notificaciones en WhatsApp nos dice lo socialmente integrados que estamos, Google nos recuerda la cantidad de ciudades nuevas en las que hemos estado el último mes, etc. Nos hemos convertido, poco a poco, en analistas digitales de nuestra propia vida.

Si mañana integrásemos todo este dato en un dashboard sería relativamente fácil descubrir cuánto de felices deberíamos permitirnos ser y qué complejos negativos deberíamos sufrir.

El error de cuantificación

Al convertir una señal analógica en digital, estamos dejando atrás información. Esta lucha analógico Vs digital lleva en pie desde que el ser humano descubrió cómo fabricar gafas de tortuga utilizando plástico inyectado en lugar de caparazones, o incluso antes.

error de cuantificación

Figura 1: Error de cuantificación de una señal analogica al medirla con una precisión finita.

 

Consiste en que, para representar información que pueda pasar por un tubo (digamos, con un ancho de banda finito), tenemos que representar esto con un número finito de símbolos/conceptos/palabras. Igual que en el ajedrez tenemos un número enorme de movimientos con un número acotado de fichas, si ponemos un caballo en la intersección de cuatro casillas nuestro contrincante nos dará una patada en la espinilla, porque las piezas y casillas no son infinitas. De la misma forma la realidad cuenta con órdenes de infinitud que no pueden plasmarse en simples KPIs. Podemos ver en la Figura 1 que el error que cometemos es mayor cuanto menor vocabulario tengamos para expresar la realidad.

Objetivo Vs Subjetivo

Otro de los problemas que encontramos en esta línea es la dificultad para cuantificar información subjetiva. Podemos ver esto fácilmente otra vez al pedirle Google Photos que nos muestre conceptos cuantificables/etiquetables o no. Vemos que, mientras tiene éxito en categorizar las fotos de “montaña”, falla estrepitosamente al pedir una valoración cualitativa con palabras como “impresionante”.

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De esta forma podemos obtener la cantidad de veces que hemos salido a la montaña en el último año simplemente mirando la fecha de las fotos, bastaría un script sencillo. Pero es imposible conocer la cantidad de veces que nos ha sobrecogido la montaña a partir de la información que almacenamos.

El mito de la caverna

Hace ya algún tiempo, un señor griego vagamente emparentado con los contemporáneos explicaba la diferencia entre lo sensible y lo inteligible con la metáfora de una caverna. El tiempo ha pasado, han surgido y caído imperios, hemos pisado la luna y dividido el átomo. Pero mientras que el pergamino permitía a la persona que lo leía acercarse al mundo inteligible de las ideas, los actuales streams de datos en forma de gráficos de tarta y líneas de tendencia representan solamente la parte sensible.

Nuestra percepción del entorno, comprensión de los fenómenos sociales, observación de los eventos, están todos en gran medida polarizadas por el filtro de la tecnología. Nos hemos subido a hombros de gigantes y, como buenos primates miopes, se nos difuminan las formas en la distancia ¿Estamos acercándonos o alejándonos de la verdad gracias a la tecnología? El factor reconstructor de la inteligencia humana en la cadena de valor del dato es más importante ahora que en cualquier otro periodo histórico.

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