Creacionismo vs. Darwinismo

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Creacionismo vs. Darwinismo

Antes de que nadie se rasgue las vestiduras, mientras amenaza con llamar personalmente a Richard Dawkins, aclararé que las palabras darwinismo y creacionismo serán empleadas, a continuación, no en su sentido lato sino representando diferentes perspectivas del proceso creativo.

De acuerdo, venimos del mono. Me lo han dicho en el cole y en los documentales de la 2 hasta la saciedad. Mientras que La Naturaleza selecciona a los individuos más aptos según una cantidad de factores, que muchas veces se nos escapan, y que resulta en sistemas, en apariencia caóticos, que sólo podemos modelar. Escribo aquí Naturaleza refiriéndome a ella como a un jugador de ajedrez que moviera sus piezas cocodrilo para que se comiesen al antílope que vadea el río mientras estos carecen de voluntad o instinto, que no es así.

¿Qué tan fácil sería la vida de la gente que vende cosas con carteles luminosos si sus anuncios se reprodujesen y diferenciasen solos? Las creatividades serían producto de otras creatividades cuya procedencia, a su vez, se perdería en las brumas del tiempo (o de la burocracia).

Lo más cercano al comportamiento de La Naturaleza que podemos lograr, sin embargo, es el Diseño Iterativo, y su particularización al marketing digital, el A/B Testing. Si los comparamos, tenemos que, a partir de una población inicial de creatividades, estas se pueden mezclar para producir sucesivas generaciones que compartan características con sus antecesoras. De esta manera, si alguna de estas características es especialmente interesante terminará de una manera u otra repitiéndose más a menudo, dado que las creatividades que producen conversiones (o micro-conversiones, en función de la escasez de conversiones) se reproducirán con mayor frecuencia.

Sin embargo, La Naturaleza dispone de un mecanismo para introducir nuevas características en sus individuos, la mutación, mientras que nosotros solo tenemos un puñado de parámetros para variar la apariencia ligeramente. Además, tenemos que esperar a que las conversiones de los clientes ocurran en el mundo real para poder seleccionar las que mejor hayan funcionado.

Todo esto es un inconveniente. Contamos con explicaciones alternativas mucho más sencillas que funcionan mejor, sacian nuestra curiosidad de golpe:

«Las especies fueron creadas en su estado actual, sin pasar por ningún proceso de iteración en su diseño (si acaso en la cabeza del demiurgo de turno)».

Esta otra explicación, mucho más acorde con la Navaja de Ockham, es perfecta en el caso de las creatividades. Para empezar, no necesitamos una población inicial de la que derivar las características deseadas, ¡podemos ser creativos! En una de sus citas más famosas Einstein dice que si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. Por lo que (aunque argumentando con una falacia de autoridad) si queremos que nuestras creatividades conviertan mejor, deberíamos hacer cualquier cosa menos emplear las que ya existen.

Entonces… ¿con cuál me quedo?

La evolución cumple, pero es lenta y laboriosa. La creación nos funciona mucho mejor pero requiere de inspiración divina. ¿Qué nos queda entonces? Parece razonable que utilicemos una mezcla de ambos.

La concepción de la idea es inevitablemente creativa, nada sale de la nada. A continuación, empleando un proceso de diseño iterativo como el A/B testing, aseguramos que el producto que tenemos mejora, gradualmente. Puede, entonces, que encontremos algún stopper insalvable que debamos resolver con creatividad e ingenio ya que sucesivas iteraciones no lo harían.

Los productos mágicos, que parece que se venden solos, no tienen una receta secreta más que la mezcla de estos dos. Una buena idea y muchas manos de lija. Si alguien conoce una excepción que tire la primera piedra.

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